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Ximena Mendoza Renaut

Nuestra She’s Mercedes Ximena nos acompaña para hablar de la importancia de poner en valor el talento y el producto nacional y de cómo el éxito llega cuando tienes un propósito firme.

Ximena, más conocida como “Chechi” en su familia y “Xi” o “Xime” por sus amigos, tiene 26 años y es la única mujer de tres hermanos. Joven y emprendedora es la precursora de una gran idea: reaprovechar los alimentos.

Es comunicadora de profesión y alma. Le apasiona las diferentes maneras que existen para comunicar: el diseño, la fotografía, el arte, la oratoria, la poesía. Esa pasión fue la que la llevó a estudiar Ciencias de la Comunicación con énfasis en marketing y publicidad en la Universidad Católica de Asunción.

Inició su carrera laboral al terminar el colegio en el área de recursos humanos, luego incursionó en mundo del marketing y la publicidad trabajando casi cuatro años como Brand manager de varias marcas en la empresa multinacional Kimberly Clark.

En el 2016 viajó a Barcelona para realizar un máster en Innovación y Emprendedurismo en el IED (Instituto Europeo de Diseño). Allí se puso como meta desarrollar una estrategia que pueda implementar en Paraguay y que ayude a mejorar el país y la calidad de vida de las personas. Fue así como nació Mboja’o.

¿Cómo nace Mboja’o?

Siempre tuve curiosidad por entender qué es lo que pasaba con la comida que no se terminaba de vender en un restaurante o que quedaba de algún evento. Me parecía absurdo que se desperdicien alimentos cuando hay tantas personas, sobre todo en nuestro país, que pasan hambre. Nadie debería ir a la cama con hambre, la alimentación es una necesidad básica y un derecho universal. Investigando sobre esta problemática terminé entendiendo que en el sector gastronómico existe un enorme desperdicio de alimentos que si es rescatado a tiempo, puede ser evitado. Ante la necesidad de los comedores sociales de recibir alimentos y la necesidad de los locales gastronómicos de derivar a algún lugar ese excedente que muchas veces tienen, nació Mboja’o: una empresa social que lucha contra el desperdicio de alimentos y ayuda en la alimentación de personas que se encuentran en situación de vulnerabilidad.

¿Cuál es el sueño que te movió a emprender este proyecto?

Siempre desee vivir en un mundo más justo para todos, más equitativo. Recuerdo una conversación con mi abuelo. El vivía en el campo, era médico rural, y yo habré tenido unos seis años cuando me preguntó qué quería ser de grande, a lo que yo respondí con total seguridad que quería ser presidenta.

Años después, entiendo lo que en su momento eso significaba para mí. En mi inocencia, yo entendía que el ser presidenta me iba a permitir cambiar realidades y hacer cosas para vivir en una sociedad más justa. Siempre quise equilibrar un poco más la balanza, vivimos en un mundo muy desigual. Obviamente la vida me llevó por otros caminos, pero siempre tuve muy dentro mío la asistencia social. Sabía que quería ayudar desde el lugar que me toque y en la forma en la que pueda y sepa hacerlo.

¿Qué enseñanza te dejó este trabajo hasta ahora?

Que la necesidad es madre del ingenio. Uno se va a los comedores sociales, ve la necesidad, y es increíble como las cocineras tienen una creatividad espectacular para reaprovechar absolutamente todos los alimentos y que no sobre nada. Debemos aprender de ellos, aprender a valorar todo lo que tenemos y no desperdiciar absolutamente nada.

Desde tu punto de vista, ¿qué sería para vos el fracaso?

Siempre digo que hay que resignificar el fracaso, le tenemos miedo, pero ¿por qué? ¿qué reamente significa fracasar? El fracaso como tal no existe, el fracaso es aprendizaje. Siempre se saca algo, se aprende y se crece desde esa experiencia. Dejemos de mirarlo como algo malo y empecemos a verlo como una oportunidad de aprender y crecer. Thomas Edison decía cuando le preguntaban sobre las veces que “fracasó” antes de inventar el foco: “No fracasé, solo descubrí 999 maneras de como no hacer un foco”.

Contanos sobre Mboja’o en números

Hasta el momento ya logramos recuperar más de 55 toneladas de alimentos. Desde que operamos, llegamos a ayudar en la alimentación de más de 800 personas, y actualmente toda la comida que recuperamos ayuda en la alimentación diaria de más de 400 personas, entre ellos niños, niñas, jóvenes y adultos de la tercera edad. Desde que empezamos a operar ya hemos beneficiado a más de 10 entidades. Trabajamos con cinco clientes fijos adheridos a la red y ya estuvimos presentes en más de 15 eventos rescatando alimentos, además contamos con cuatro empresas aliadas: Unilever, Berkemeyer, Media Team y Ebiz.

¿Qué consejo le darías a las mujeres que tienen una idea y no se atreven a dar el paso para focalizar su objetivo?

Sé que es una frase muy utilizada, pero realmente, “el mundo es de los que se atreven”. Es así. La idea no vale nada y tampoco es tuya hasta que la ejecutes, hasta que te animes a llevarla a cabo. Nunca dejen de soñar, pero sobre todo nunca dejen de HACER.

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